CABALLO BIPOLAR

Me incomodaba dormir siempre parado,
dormir echado es más placentero.
La viruta, es el mejor colchón, para soñar
con un yegua argentina, americana o irlandesa.

Buscar los cruces con yeguas
de otras nacionalidades, para mejorar
nuestra raza equina peruana, los tiempos importan mucho
en las diferentes pistas de carrera de Monterrico.

Usualmente sueño con ser un potro
de carrera y reniego del amansador
y del vareador que me cuida,
poco me mima le gusta cantar,
pero es tan desafinado
que hago oídos sordos. Ojala pudiera silbar.

Para mí, la yegua debe ser
bien formada, alta, colorada
como para el hombre la mujer delgada,
cosas de caballo. Como mi color bayo.

Cuando trotaba por el poste de los 400 metros
me pasó una yegua alazana cariblanca y la sentí en celo
quise alcanzarla y como irracional que soy
tuve apetito para disfrutar de ella, pero no llegue a tiempo.

En mis galopes diarios, la buscaba
para entregarle mi amor equino, que es puro
como la sangre que me trasmitieron mis viejos.
Excelsa, corredora, garañón, implacable como tú.

Yo quería demostrarle que en una sola noche,
prodigarle y hacer derroche, de mis cualidades
reproductivas, aunque me califiquen de insano,
insistiré y ganaré.

Me enamoré de ella por sus bellas ancas,
alta y glúteos anchos y pelo brilloso,
su crin rubia, con filamentos flexibles
que adornaban su hermosura singular.

La alazana cariblanca siempre pasaba
por mi lado, ni me miraba, como tirándome basura.
Su vareador la cuidaba con esmero,
con vendas rojas, muserola blanca y le trenzaba sus crines.

Por pura casualidad, coincidimos en el examen
del partidor. Ella arrancó primera
sacándome varios cuerpos de ventaja.
Era muy liviana, pero no de cascos ligeros.

Fue difícil para mí alcanzarla.
Ella iba con “Edwin” en sus controles.
A mí me llevaba un aprendiz, que estaba
invicto. No había ganado, una sola carrera.

Yo no quería rebasar la meta
antes que la alazana cariblanca.
Mi ilusión era cruzarme con ella
en un harás cercano. Mi sentido corporal
el olfato, me hacía sentirla siempre en celo.

Percibía su aroma reproductiva.
Pero yo, estaba enganchado en mi pesebrera.
Mi dueño, preparador y vareador decían
que yo era un matungo, que parecía un chungo.

No hacían ningún esfuerzo, para que mejore
de “pepa”. El que me cuidaba me apretaba
el cincho y yo relincho como caballo desbocado
por tanto apretón. Sin carantoña alguna,
ni caricias o halagos para mejorar en la pista de
carrera.

Programaron una carrera para productos de
3 años no ganadores y la vi en el paddock
trotando a paso corto, coleando e insinuando
ser cubierta por este chusco garañón.

La alazana cariblanca me miraba con desprecio
e indiferente por mi sangre corriente.
Nos llevaron al partidor, ella entro tranquila.
Yo me puse nervioso, ella partía por afuera y
yo por los palos.

Al darse la partida, ella tomó una voladora
sacando muchos cuerpos de ventaja
y yo desmonté al aprendiz que me montaba
y me puse como trompo viejo… carretón.

Poder alcanzarla, fue inútil. Ella era un gamo,
ganó la carrera, fue premiada con aplausos,
foto y beso con sus dueños, yo llegue último recogiendo
gorras. A ella le dieron zanahoria fresca y alfalfa verde…!

Y a mí, sólo, pasto seco me daban de tragar.
Necesitaba hurgar o buscar mejor alimentación.
Me daba la sensación que mi “futre”
andaba más arrancado que limosnero “cinco esquinero”.

Me resigne a seguir así, a no quejarme
participe en muchas carreras más
sin buenos resultados, la meta estaba lejos
mi dueño, el preparador y el vareador
me ofrecieron en venta, pero, nadie daban un mango
por mí.

Ya cansado de maltratos y olvidos
me desperté y caminé en las húmedas arenas
y de pronto vi a la alazana cariblanca que
galopaba en la pista ancha de carrera.

Pude saltar la baranda que separa las dos pistas de carrera,
traté de alcanzarla, pero perdí el control de los esfinters
y no pude seguir sus ligeros largos trancos de la cariblanca,
el inútil vareador me había dado de comer solo linaza.
Y uds. ya conocen los efectos de estos granillos…

Bosteaba en todas partes, perdí mucho peso,
sentía debilidad en mis manos y patas
mi “futre” me llevó donde un veterinario
que también era psicólogo especialista en males equinos.

Le dijo que mi mal era bipolar.. no tiene cura…
o lo cruzan con la yegua alazana cariblanca o se muere
en plena cancha porque está loco, por esa hermosa yegua.

Se puede quedar en la pista de la carrera, no me receto nada.
Sólo un permiso para bostear dentro del Hipódromo y afuera
en la calle.

Bostear, es en buen español, excretar.
Pero, ya había expulsado todos los residuos
metabólicos de mi cuerpo, y el anhídrido
o sea orina y amanecí muerto por un amor
Inalcanzable…

La bipolaridad equina, nos muestra que cualquiera
puede perder muchas carreras, pero sólo yo pude
perder la razón por un calzón.

Es bueno acordarse de esta frase que dice así:
¡que debajo de una manta vieja y roída, se esconde
un buen reproductor!.