UDIMA

Con un rostro inusual
me llamaste timbero
y jugador , soy competidor
y no apostador.

Faltas a la casa
sin justificación alguna, por las
patas de esa yegua, te has quedado
sin fortuna. No lo niego
ni lo negaré nunca, no es por
la rima, es por “Udima”.

Bendita yegua, que no me hizo perder
la fe, ni en el amor por ti.
Las graderías la aclamaban, se emocionaban
y los míos lloraban y tu cobrabas.

Al Sur Oeste de la Región Cajamarquina
está el precioso villorio que es “Udima”
Oyotun, Chongoyape y Chaparri están
cerca muy cerca de ti.

Fuiste sol de esperanza,
alivio de mis males financieros
y en los finales de cabeza con Prince
y Sergis Khan, a sus dueños hacías llorar.

Mucha garra, incansable.
Pasabas como una luz, en el
inmenso arenal y césped.
Dejabas en cada carrera
el corazón y el alma,
qué dicha haberte tenido Udima.

En los metros finales
del Clásico Comercio
Negrito, en sus controles con Tulo
que no contuvo el avance
de la petisa Udima.

Se resignan al resultado
por el abultado y arrollador
triunfo de una yegua
para no olvidar.
En los finales palpitantes
ganabas el cabeza a cabeza
a tus apostadores los sacabas de la pobreza
llenabas la oquedad y de la horrible soledad me salvabas.

Udima eras la diva de los clásicos del 1986.
Tierra derecha, lugar de desengaños
donde por el cansancio casi todos
aflojan el tren de carrera.
No había manera de dejar cruzar la meta primera.
Udima eras la diva de Monterrico.